Carta de Cuba, la escritura de la libertad

 

 


AL NORTE DEL PARAISO

Bernardo Marqués Ravelo


Después de una peripecia internacional casi cinematográfica, los dos médicos 
cubanos que desertaron hace dos meses en Zimbabwe llegaron a Miami en los 
primeros días de agosto.
Noris Peña y Leonel Córdova permanecieron en un peligroso limbo migratorio 
en esa nación africana, después de pedir asilo político. A punto estuvieron 
de ser devueltos a la isla porque el gobierno de ese país, encabezado por el 
caricaturesco Robert Mugabe, pertenece a la misma comparsa del gobernante 
caribeño. El gobierno de Suecia, después, abrió las puertas a los jóvenes.
Ambos profesionales integraban un grupo de 152 técnicos que el Ministerio de 
Salud Pública envió a ese país con un doble propósito: buscar por esa vía un 
puñado de dólares para la exánime economía cubana y seguir desarrollando la 
“diplomacia de los doctores”. Según cifras oficiales, alrededor de 1,200 
trabajadores de la salud, de ellos 900 galenos, colaboran en más de 20 
países de tres continentes.
Una inteligentísima campaña propagandística que proyecta a Cuba como el 
paraíso de los parias del orbe, donde la medicina es gratuita, los cuidados 
a la infancia sobrepasan los niveles de las naciones más desarrolladas del 
planeta, en suma, una tierra en que el ser humano ha dejado de ser el lobo 
del hombre. En la letra, muy bonito.
Castro apostó bien en este sentido: desde 1959 puso énfasis en la medicina y 
en algunos años logró que la isla tuviera un médico por cada 175 personas. 
Brillante éxito que se fue a bolina, como la educación y las otras llamadas 
“conquistas sociales”, cuando los rusos le cortaron los suministros en 1989. 
Y es que la alguna vez rica nación caribeña vive, desde la llegada de los 
barbudos, bajo el dogal de un régimen que impide el desarrollo integral y 
dinámico de las fuerzas productivas, para decirlo con la jerga de los 
marxistas.
El negocio con los médicos y otros técnicos es redondo para el gobierno de 
la Plaza de la Revolución: los países contratan a los especialistas con 
tarifas internacionales y Castro les paga un subsidio que no pasa de los 300 
dólares mensuales. El resto va a parar a las arcas del partido comunista. Un 
médico especialista en la isla, después de un aumento general aprobado en 
1999, gana 525 pesos al mes, veintitantos dólares al cambio actual.
Si uno no ha vivido en carne propia la traumática experiencia del comunismo, 
de seguro creerá todas las fábulas de Castro y su pandilla, con las cuales 
siguen tratando de convencer a planeta y medio, sobre todo a los del llamado 
Tercer Mundo
Con la deserción de los dos jóvenes a la nomenclatura cubana le ha entrado 
temblorina. Y no es para menos. Porque los bolcheviques caribeños blasonan 
de la “integridad revolucionaria” de los médicos criollos. Pero la falta de 
libertad, la represión y las brutalidades del sistema realmente son muy 
malos consejeros.
Hace poco el titular de Salud Pública de la isla emitió un decreto ley –que 
circuló en los hospitales con el marbete de “muy secreto”-- mediante el cual 
se le prohíbe a los médicos cubanos salir de la isla, durante cinco años, 
después de recibir una visa de cualquier gobierno. El pliego, nunca 
publicado, proscribe viajar por invitaciones personales y familiares, e, 
incluso, participar en reuniones científicas. Debe ser porque fuentes 
cercanas a la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana dicen que 
allí esperan más de 5 mil solicitudes de visas de profesionales de la 
medicina que ya no soportan más la orgía perpetua del Comandante.
En estos últimos 40 años se han largado de Cuba, en masa, peloteros, 
músicos, escritores, palafreneros, taxistas, bomberos y hasta los 
trapecistas y payasos del ahora extinto Circo Nacional.
Noris Peña, y Leonel Córdova dejaron atrás el infierno. Castro, tras 
bambalina, hizo todo lo posible por hacerles la vida un jugo de limón. Esta 
vez no lo logró y los jóvenes llegaron, al fin, al norte del paraíso.

San Juan, Puerto Rico