Carta de Cuba, la escritura de la libertad

 

 

 

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América Latina - Cuba - Izquierda a debate
El Marx que conocí en la secundaria
¿Por qué no nos dedicamos de una buena vez a construir el verdadero socialismo? Una comparación entre la presencia de Marx en la Cuba de los años 80 y la Cuba actual.
Lázaro Prómeta (Para Kaos en la Red) [09.05.2008 21:50] - 288 lecturas - 9 comentarios  

 

Los cubanos de más de 30 años recordamos el Marxismo. Hoy, claro, también tenemos a Marx, pero los que vivimos aquella época podemos reconocer algunas diferencias.

Mi primer encuentro con él fue mediante una asignatura que me impartieron en los años 80 _yo cursaba 9no grado_ que se llamaba Fundamento de los Conocimientos Políticos. En el preuniversitario tuve más de eso y luego en la universidad, aunque con otros nombres. Era sólo una de tantas asignaturas, no se consideraba de las más importantes y era fácil de aprobar (los estudiantes extranjeros no tenían que cursarla). Para mí era bastante interesante y me servía para aumentar el promedio de mis notas, cosa que al final no me favorecía demasiado pues se lo subía a casi todos.

Los adultos también tenían lo suyo. La enseñanza se daba en varias formas como Círculos de Estudio y demás, pero entre éstas destacaba la Escuela del Partido. El que estaba pasando un curso en ella, dejaba por un tiempo de asistir a su trabajo. Quien conoce Cuba sabe que eso no tiene inconvenientes pues cualquier escuela y centro de trabajo se subordinan a la dirección de la revolución, que lógicamente establece como una prioridad la ideología. En la escuela se podían pasar cursos de una semana, de un mes o de varios meses. Había varios formatos. Los designados para pasarla eran preferiblemente “cuadros”, una denominación que incluye a jefes de cualquier nivel, de sindicatos, del Partido, de la Juventud, los CDR y de cualquier otra organización revolucionaria, aunque podían ser también obreros o profesionales sin cargo dirigente.

Al tiempo que había muchos alumnos, existían muchos profesores de Marxismo, que eran también los únicos profesores de filosofía pues se decía que los trabajos de Marx constituían la cumbre de esa rama del saber, pero tan encumbrados estaban que tampoco había profesores de otra economía que no fuera la denominada marxista, ni de otra psicología, etc. Esos maestros, como es de imaginar, se nutrían de la versión soviética del asunto y muchos estudiaron allá, donde los osos. Los libros por supuesto eran rusos y recuerdo a un autor: Afanasiev.

Según aquellos tiempos, el Marxismo era la ciencia que justificaba la existencia de la revolución cubana. El planteamiento básico tenía consistencia y en resumen era este: Marx separó lo que para él eran las revoluciones sociales, de las simples rebeliones y descubrió que todas las revoluciones de verdad que habían ocurrido, que eran el paso de la comunidad primitiva al esclavismo, de ahí al feudalismo y de éste al capitalismo, tenían en común que siempre una clase social anteriormente explotada obtenía el poder por la vía de defenestrar a la clase dirigente anterior, pero funcionaba sólo si, y esto es importante: sólo si la nueva clase en el poder era promotora de un formato de producción superior al derribado.

Por otra parte se nos repetía que mientras el mezquino objetivo del capitalismo era “la obtención de ganancias”, el noble del socialismo era “la satisfacción de las necesidades siempre crecientes de la población” a través de otro estribillo: “de cada cual según su capacidad, a cada cuál según su trabajo”; que es decir que no se le pagará lo mismo a todos, sino en concordancia con el aporte individual, siempre teniendo como prioritarios el apoyo de la sociedad a quienes no pueden producir. El Marxismo no era sólo eso, pero tampoco era mucho más, según la versión light que digeríamos.

A raíz de la caída de la Unión Soviética, todo los que nos decían aquellos libros quedó en entredicho: si la URSS era económicamente superior a los Estados Unidos, ya que era socialista ¿por qué se desintegró aquélla y no éstos? Lo poco que se habla oficialmente del asunto aclara que en realidad aquél no era un socialismo de verdad, sino que los rusos tenían graves problemas económicos; sus productos eran feos, pesados y derrochadores de combustible; no eran tan ecologistas como decía su entretenida revista mensual Sputnik; ni tampoco habían solucionado el problema de las nacionalidades y que, en definitiva, había un evidente divorcio entre el Partido y las masas. Para colmo los demás países socialistas lo eran porque los tanques soviéticos les habían impuesto ese sistema al final de la Segunda Guerra Mundial. Aquello, naturalmente, no era sostenible y no es de extrañar que se derrumbara. Eso se dice ahora. Pero de ahí me surge una pregunta: ¿por qué nos tomó  por sorpresa entonces? De eso no se habla.

Pero la peor consecuencia obvia de la caída de la URSS fue que acabó con el subsidio soviético y desnudó el hecho de que el muy aceptable nivel de vida que disfrutábamos en nuestro país, no se debía tanto a la calidad económica de nuestro sistema  como a aquella ayuda, y esto generó algunas interrogantes como estas: ¿Será que el socialismo no es tan funcional como se decía? O mejor aún: ¿Será que nunca tuvimos un verdadero socialismo? Y si esto es así ¿Por qué nos dijeron que sí? ¿Y por qué nos lo siguen diciendo? Y sobre todo ¿Por qué no nos dedicamos de una buena vez a construir el verdadero?

Se ha dicho que aunque nos ayudaron mucho, en cierta forma los soviéticos "nos embarcaron" pues debimos haber traducido directamente a Marx desde el alemán y no confiar en la traducción que desde ese idioma al ruso y del ruso al español, hacían nuestros amigos eslavos pues era una tergiversación creada a la medida de las conveniencias de los dirigentes del PCUS. Se nos ha explicado que la caída de las “democracias populares” no fue debido a un error del socialismo sino a su mala aplicación, de manera que se sigue justificando que Cuba continúe con ese sistema, y esto tiene a su favor una canasta que vale tres: el hecho de que la revolución cubana no cayó también. En ese sentido el Marxismo continua siendo funcional a nuestro gobierno. Pero casi sólo de palabra. Porque si bien antes de la crisis, se nos decía que la forma superior de ser revolucionario era ser marxista, ahora se equiparan, como ideólogos de la Revolución, a Marx y a Martí. Que aunque Martí fue el más grande de nuestros patriotas, persona tan clara como para haber sido el primero en descubrir la esencia imperial de los Estados Unidos, no era ni podía ser marxista. Sin embargo de las enseñanzas del propio Marx ya casi no se habla aunque se siga mencionando su nombre de vez en cuando. Se le puede preguntar a cualquiera en la calle, o mejor aun, a un militante de la Unión de Jóvenes Comunistas o incluso del Partido qué dijo Marx o Engels o Lenin, y es bastante probable que no lo sepa (y eso para no decir Trotsky por mucho que Celia Hart diga que Fidel es trotskista). A nuestro gobierno, que decide qué debe y qué no debe saber el pueblo, le cuadra que todas esas celebridades históricas halen para un mismo lado, aunque aquello no tenga un gran soporte teórico. Es verdad que de vez en cuando todavía se va a las escuelas del Partido mas  en ellas ya no se habla tanto de los "clásicos", ni en su versión rusa ni en ninguna otra.

Porque una parte del Marxismo que por suerte los soviéticos no corrompieron,  dice que el socialismo es productivo y participativo, lo cuál puede no corresponderse con lo que vemos en  su implementación cubana actual. Y a pesar de que nuestro gobierno ya nos aclararó que aquél no era el verdadero Marxismo,  sigue sin animarse  a presentarnos el que sí es y esto es  simplemente porque Marx, aquí como en todas partes, sigue siendo alguien que en estado puro subvierte.

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