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Carta de Cuba, la escritura de la libertad |
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La verdad sobre la salud en Cuba: El embajador cubano en Venezuela falta el respeto a los médicos de ese país. Recientemente, el gobierno venezolano entró en un acuerdo con el gobierno de Cuba para recibir los servicios de una cantidad de médicos cubanos, en otro capítulo de la llamada "diplomacia de los doctores". Esta es una estrategia reciente del gobierno castrista en la cual se proveen servicios médicos a países extranjeros como medio de intercambio diplomático y/o comercial. Al hacer el anuncio de este acuerdo, el embajador cubano, Germán Sánchez Otero, realizó manifestaciones ofensivas a la dignidad de la clase médica venezolana. Esto provocó la siguiente respuesta del destacado médico e investigador venezolano Dr. Rafael Muci Mendoza, quien había hasta entonces tratado de colaborar con los esfuerzos de salud pública del gobierno cubano. La carta, que habla por sí sola, es un testimonio del desastre en materia de salud pública que sufre Cuba al presente, y el cual el gobierno castrista ignora mientras exporta médicos y hace alardes de supuestos logros en el campo de la medicina. Es también testimonio del modo en que el castrismo insulta y falta el respeto incluso a aquellos que han tratado de ayudarle. Reproducimos la carta del Dr. Muci. Al embajador cubano: Excelentísimo señor embajador, debería usted bien conocer que es de ética elemental el que un embajador no se inmiscuya en los asuntos internos del país que le acoge como huésped. Sus insolentes declaraciones sobre los médicos y no desmentida, recogidas en la edición de este diario del 18 de febrero retropróximo, me obliga moralmente a enmendarle. "El sistema de valores" que usted nos endilga, según el cual, "nuestra intención" al estudiar medicina es obtener un "título y una acción en una clínica privada", además de insultar nuestra dignidad, con aviesa intención nos expone el desprecio público y nos desacredita ante nuestros enfermos. Después de todo, somos sus médicos y sus miserias todo cuanto poseen. Usted emplea el procaz léxico del Presidente para dividirnos en "oligarcas" y "proletarios, epítetos para agraviarnos nunca por nadie utilizados. Siendo antipático hablar en primera persona, debe expresarle que como muchos de mis colegas, y aunque a usted le duela, recibí en LIBERTAD una excelente formación moral, ética y académicamente que coloca al paciente como principio y fin del acto médico, paradigma que he tratado de inculcar a mis numerosos alumnos. Como tantos, por cerca de 40 años y por un magro sueldo hemos trabajado con tesón la mitad de nuestros tiempos en un hospital público subsidiándolo con nuestro ejercicio privado. Este último, lo hemos ejercido como profesión liberal en clínicas privadas en LIBERTAD, con honestidad, mística y orgullo. Pero además debe usted saber que en lo personal he visitado Cuba en tres ocasiones. No lo hice por curiosidad o turismo y le confieso que no conozco Varadero. He sido y he continuado siendo un invitado de sus médicos. Por respeto a ellos, nunca hice uso de cuanto ví y oí en su país. Su irritante intromisión me indica que es tiempo de hacerlo. En mayo de 1993, cuando su gobierno al fin dió a conocer al mundo una epidemia que, a pesar de sus adversas consecuencias, había mantenido en secreto desde 1991 y amenazaba con dejar en la umbra visual a más de 40 mil sufrientes, formé parte de una misión humanitaria que visitó la Isla. En compañía de colegas cubanos y de diversas procedencias, examiné personas afectadas, ayudé a definir el paciente-tipo y a esclarecer las causas de lo que se dió en llamar Neuropatía Óptica Cubana, y que en resume, a despecho de que se haya invocado un factor multifactorial, fue trasfondo de miseria y hambre. En cinco ocasiones me reuní con su Comandante para discutir estrategias de la epidemia, hoy por cierto trocada en endemia. En una de estas reuniones y aunque parezca una pretensión el decirlo, una de mis colegas cubanas dijo públicamente que la neuro-oftalmología cubana se dividía en dos períodos, antes y después de las visitas docentes del doctor Muci. A pedido de su Señor, hice mi último viaje a Cuba. Les comuniqué todo cuanto sabía, guiados de mi mano aprendieron nuevas técnicas, mis diapositivas fueron copiadas, mis charlas videograbadas. No pedí nada a cambio. Mucho me fué ofrecido, pero el olvido es traicionero. Una simple esquela de agradecimiento me fué regalada. Regresé con la satisfacción del deber cumplido y un rictus de dolor al recordar la mirada famélica de mis colegas, trasunto de hambre de LIBERTAD, hambre biológica, pero también hambre intelectual al carecer de los instrumentos básicos para adquirir conocimientos; libros y revistas científicas. Mientras tanto, Cuba exportaba su revolución con los dineros de un pueblo miserable. Pude apreciar a dos clases de médicos. Unos, "los olvidados", a la peor, distanciados del partido comunista, que ocupan los escaños más bajos de la pirámide médica sin esperanzas de ascender. Esos no asistieron a mis charlas. En mi universidad asisten a mis cursos, en LIBERTAD y por libre albedrío quienes así lo deseen, sean médicos, estudiantes y aún miembros de otras profesiones. La otra clase, que llamaré "la nomenklatura", los ubicados en el vértice, tenían acceso a la escasa tecnología y eran celosos guardianes de los libros, depositarlos del poder que de el conocimiento. Esos, privilegiados del sistema, tienen acceso a los banquetes, viajan al exterior con dólares, olvidando aquellos pobres colegas que se quedaron en casa. La sociedad cubana es una sociedad triste donde se habla calladito para no ser escuchados por el Estado policial, donde se asciende siendo fiel y denunciado’ en fin, trepando por sobre las cabezas de otros. La medicina de avanzada que ostentan, está apoyada en una ingeniosa propaganda, pero en realidad es una triste farfolla. Los delineamientos de su "mar de felicidad" han encontrado eco en un gobierno antinacionalista, formado por una chusma precaria de talentos. Por ello, con la creatividad castrada y a un costo de 1.3 millones de dólares diarios, prefieren buscar "asesores" y enviar enfermos a la isla. Su nulidad y estulticia les impide tomar médicos contingencia para ayudar a tanto necesitado que clama en nuestros hospitales por la resolución de sus problemas. Como usted declara, traer "1,600 profesionales" de sus fábricas de médicos, es otro inaudito ejemplo de traición a la Patria, de desnudez neuronal, un intolerable insulto, una incomprensible medida si se toma en cuenta, por una parte, el desempleo local y, por otra, si que apenas son necesarios menos de 59 médicos para llenar las medicaturas vacantes para las que, estoy seguro, hay voluntarios. Las erradas políticas de salud no son culpa de los médicos. Son exclusiva competencia del Estado Venezolano. Hago mío el eco lastimero de mis pacientes y reclamo para ellos el dinero que injustamente se regala a ustedes. Esos pobres seres han visto empeorar sus dolencias a lo largo de cuarenta años de apatía, pero a no dudar, ahora se encuentran peor, desde que "el proceso" trata de rasarnos con ustedes, por lo bajo. Hay en la isla de Cuba demasiados aspectos que mueven a vergüenza y dolor para que usted cínicamente nos censure. Se puede engañar a alguien una vez, pero no a todos todo el tiempo. Dr. RAFAEL MUCI-MENDOZA
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