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La Primavera de Cuba

Este mensaje fue recibido por Carta de Cuba a través de Payolibre. Por su relevancia, entendemos será de interés a nuestros lectores:

-----Original Message----- From: LITERARIAS SIGLO 21 

LITERARIAS desea homenajear al autor original de la frase LA PRIMAVERA DE CUBA, que fuera el título de un ensayo de él sobre la disidencia en Cuba, publicado en 1992 en su libro ANTIRREFLEXIONES por Ediciones Universal de Miami. El autor es el periodista y escritor cubano, exiliado dos veces, expreso politico 9 años en los sesentas, y ahora retirado a escribir: Juan Alborná Salado.

Cuando a Osvaldo Payá le entregaron el Sajarov en Europa, y fueron arrestados los 75 disidentes y periodistas independientes en Cuba, el ensayo, premonitorio de lo que sucedería en Cuba más de diez años después, fue publicado en Cuba Católica, en el grupo de discusión La Peña y en otros lugares de Internet, y el autor estuvo en varios Viernes Culturales de la Ciudad de Miami firmando su libro.

Con esto, no solo rendimos homenaje al autor, sino que a través de la publicación de su trabajo honramos a los actuales disidentes y presos politicos cubanos y a los hombres y mujeres que desde siempre han luchado por la democracia en Cuba ¡hace ya más de medio siglo! Aquí va, pues, el trabajo cuyo nombre ha recorrido el mundo y ha hecho famoso al movimiento disidente en Cuba, que sirvió para que Telemundo en Miami sacara en febrero al aire tres programas con el título del artículo de Alborná Salado, y para que un realizador chileno creara un documental sobre el movimiento disidente cubano con la ya famosa frase del escritor cubano.

LA PRIMAVERA DE CUBA

Por Juan Alborná Salado.

Washington DC, 3 de abril de 1992

 

Guerrilleros en montañas y ciudades, escritores clandestinos en denuncia, obreros en sabotaje, campesinos en quema de caña, prisioneros políticos en resistencia: línea de acción de los sesentas. Ahora, todo ha cambiado. El esquema de lucha es otro.

En 1960 fui a visitar a un amigo, que odiaba a muerte a los comunistas, para invitarlo a conspirar. Era ya hombre de unos cincuenta años, formado en las lecturas de Proudhon, Kropotkin, Bakunin, Malatesta. El anarquista me miró y me dijo: "Vamos a reeditar las técnicas de lucha contra Machado y Batista y eso contra los comunistas es imposible. Tenemos que vestirnos de milicianos, integrarnos al sistema, estar adentro. No hay alternativas. Pero por prurito no lo vamos a hacer". "Entonces... ¿no conspiramos?" "Sí, pero desde adentro. Los comunistas no dejan otra posibilidad", me respondió tranquilamente. Salí desilusionado de su casa. No entendía lo que me había dicho, no quería entenderlo, no le hice caso y desde luego fui detenido, condenado y enviado a las prisiones, donde me encontré con miles de combatientes.

Hoy, acabo de comprar un Diario Las Américas, que se vende en el área de Washington DC, y leí un artículo de Luis Fernández Caubí. Me sorprendió gratamente. Al leer su trabajo sobre Gustavo Arcos y Osvaldo Payá escuché otra vez en mi caja de resonancia craneana y después de más de treinta años las palabras de aquel viejo libertario. Quizás nosotros al quemar las posibilidades de lucha frontal allanamos el camino para que ahora se pudieran emplear otras técnicas.

Lo mejor de Gustavo Arcos y Osvaldo Payá, como María Elena Cruz y los demás, es que no han hecho concesiones. Están de frente a Castro y luchando dentro de un margen más estrecho que el que tuvo Mahatma Gandhi frente al Imperio Británico. Si trataran de movilizar masivamente a la población, como hizo el líder hindú, los desaparecerían.

Y ninguno de ellos usa máscara. Dicen lo que entienden deben decir y obran consecuentemente con su línea de pensamiento. No todo el mundo en Cuba, y ni siquiera en el exilio, hace lo mismo. Y Caubí también me lo merece. Nunca hubiera imaginado que el comentarista miamense se lanzara contra la soberbia de algunas gentes que endilgan a diestra y siniestra el calificativo de traidor o castrista a cualquiera que aplauda públicamente a los hombres que frente a Castro en Cuba buscan una solución que siempre ha estado allá y no afuera. Gentes a las que sí hay que ponerles una máscara como al protagonista de The Silence of the Lambs, porque... muerden. ¿Y el exilio? ¿Puede acabar con Castro? Desde luego, pero... en Cuba. Si la solución es militar y sale del exilio, el desenlace, de todos modos, está en tierra cubana. Es una verdad de Perogrullo.

En cuanto a concesiones, es el castrismo el que ha tenido que hacerlas. Está obligado, ya, hoy, ahora, presente. La crisis interna y la imagen internacional de deterioro, ejecuciones, intolerancia del régimen cubano, que a través de los años se ha venido dibujando y que se proyecta descarnadamente, ha madurado a la opinión pública externa que no creía lo que de Castro y su sistema se había estado diciendo durante treinta años. Y no creía porque muchos de los que lo gritaban no tenían ni tienen credibilidad. Son entes con un pasado pecaminoso que aprovechaban y aprovechan todas las coyunturas, incluso la onda de los derechos humanos, para buscar tribuna, para hacer política, para alcanzar posiciones. Gentes cuyo pasado de corrupción, proxenetismo del estado cubano, apoyo a la dictadura anterior de Cuba, sólo proporcionaban una imagen negativa de la oposición cubana. Y nadie creía ni cree en ellos. Los que en la isla han estado realizando activismo político de los derechos humanos y exigiendo oídos para sus reclamos lo han logrado.

Y déjenme aclararles que todos –¡todos!- tenemos posiciones políticas, criterios, puntos de vista, que se mueven de acuerdo con las circunstancias, el ego y la historia personal, que pesa mucho, porque deseamos participar, ser escuchados, pesar. Y ¡eso! es lo mejor de la democracia.

En el caso de Payá, dirán muchos: "Y, aunque sea delegado a la Asamblea Nacional, ¿qué puede hacer? Le está haciendo el juego a Castro". ¡No! ¡No! Payá hace su juego: es una voz disidente. Todo esto independientemente de que no siempre yo coincida con cada una de las tácticas que ellos empleen contra el Castrismo.

Todos los sistemas tienen sus propias leyes y regulaciones que no permiten ir contra el mismo mediante la violencia. A no ser que haya una guerra abierta de otros países contra ese sistema. ¿Entonces? El único modo de cambiarlos o mejorarlos es utilizar sus propias reglas de juego. A nadie se le ocurriría en los Estados Unidos, por ejemplo, plantar una ametralladora .50 frente al edificio de los tribunales porque el Supremo haya tomado una decisión contraria al tremendista. Decisión que pudiera ser injusta. Lo que hay que hacer es sencillamente apelar. Claro, en ningún lugar los sistemas son perfectos, pero en Estados Unidos son tolerantes y democráticos, y aunque en Cuba son rígidos y totalitarios, el otro modo de intentar cambiarlos es desde adentro. Esta lección la aprendí un poco tarde a pesar del consejo de aquel ácrata. Todos los sistemas políticos como un todo tienen resquicios que hay que aprender a detectar y a utilizar. Si el sistema es no-democrático, negativo a los derechos ciudadanos, y no puede ser cambiado mediante el uso de las armas, experiencia que nosotros tenemos y que utilizamos en Cuba en el sesenta, ¿qué queda por hacer? Lo que están haciendo Arcos, Payá y los otros activistas y disidentes. Aunque no les guste a los que desde aquí pretenden dictar lo que tienen que hacer los de allá. Y lo hacen por miedo.

En la década del sesenta, cuando estábamos luchando contra el comunismo en las calles y después en las cárceles políticas, también nos preparábamos para ejercer el poder. Y era lógico. Por eso entiendo a los que allá están en el centro de la candela. ¿Cuántos de los que aquí discriminan ahora a los combatientes y prisioneros políticos, no estuvieran en Cuba haciéndoles antesala si en los sesentas se hubiese ganado la guerra contra Castro? Gentes, como por ejemplo, un tal Rolando Bonachea, actual director de Radio Martí, que hace un tiempo prohibió la entrada en la emisora a los prisioneros políticos cubanos. Anótenlo. Si me dicen que en Polonia había otras condiciones porque el Papa apoyaba a Walesa y el comunismo polaco era más benigno que el de Cuba entonces hay que darle más crédito a los activistas y disidentes que están en la isla.

No olvidemos que el primero que hizo una apertura en el comunismo, que desembocó finalmente en la liquidación del sistema fue Mikhail Gorbachev, el mismo que era secretario general de partido y que pudo hacer los cambios porque estaba adentro, allí, en el propio universo soviético. ¿Cómo y quién lo sucedió? Boris Yeltsin: otro de los de adentro, también dirigente del partido comunista y después disidente, que le propinó un coup d’etat político a Gorbachev y el jaque mate al dejarlo sin mando con su jugada magistral de crear la comunidad de estados independientes. Se le adelantó a los demás.

Arcos y Payá están jugando con fuego, porque aún cuando se muevan dentro de las reglas, lo hacen de frente y utilizando esas reglas contra el propio sistema. Es su única carta de triunfo.

Cuando Lech Walesa estaba en Polonia jugando peligrosamente dentro de las reglas del sistema polaco hubo muchos que le aplicaron adjetivos insultantes, pero él siguió con voluntad de eléctrico, separó electrones y protones y se sentó en el vacío. Ahora es presidente de Polonia, y ésa, es la razón del miedo.

Y Castro, ¿no lo sabe? ¡Cómo no lo va a saber! Pero no le queda otro remedio. Han pasado más de treinta años y para las nuevas generaciones él ya no significa nada. Ha estado jugando con el tiempo porque sabía que al principio estaba a su favor. Ya pasó el tiempo. Su tiempo. Todo pasa. Ahora, el tiempo está en su contra, porque Castro envejece, sus compañeros van desapareciendo y el sistema se deteriora. Su mundo se gasta. Aunque la mayoría no hace nada. Espera. Espera lo que ha de pasar cuando el tiempo pase.

Arcos, Payá y los demás están jugando en tierra de nadie. Entre los fusileros de ambos lados cuyas inertes posiciones de trinchera se mantienen estáticas. Y de ambos lados les disparan. Se están jugando la vida, pero son los únicos que se mueven peligrosamente para Castro... porque están allá.

El ensayo que en Cuba hacen de modo personalísimo Arcos, Payá y los otros activistas y disidentes de derechos humanos, políticos, civiles, ha abierto una fisura que sólo puede conducir a la apertura, al cambio, hacia la Primavera de Cuba.

Nota de LITERARIAS: Ofrecemos textual e íntegro este trabajo del autor, que apareció en su libro ANTIRREFLEXIONES publicado en 1992, por la actualidad que ha adquirido ante los recientes acontecimientos de disidentes encarcelados en Cuba y por el premio Sajarov otorgado a Osvaldo Payá por el parlamento europeo. Dada la actualización del artículo, el autor ha estado firmando su libro en Viernes Cultural de la Ciudad de Miami".

CAMPAÑA CUBANA POR LA LIBERTAD DE PRISIONEROS DE CONCIENCIA

http://www.payolibre.com/presos.htm

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Hebreos 13-3

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