Carta de Cuba, la escritura de la libertad

 

 

 

Carta Abierta a S.E. Jorge Dideiro Payret Zubiaur, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario del Gobierno de Fidel Castro en el Reino de Suecia; así como a los restantes miembros de la misión diplomática.

Estocolmo, 19 de enero del 2004.

A los Miembros de la Misión Diplomática del Gobierno de Fidel Castro en el Reino de Suecia:

S.E. Jorge D. Payret Zubiaur, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario;

Sr. Alfredo L. Llanes Morales, Primer Secretario;

Sr. Turcios Miguel Esquivel López, Segundo Secretario, Oficina Política;

Sra. Milena Reyné Naranjo, Agregado Diplomático, Asuntos Consulares; así como,

otros miembros del personal de la misión.

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Compatriotas todos:

Compatriota Jorge D. Payret Zubiaur:

El 13 de septiembre del recién cerrado año tuve la grata oportunidad de saludarle personalmente. ¿Recuerda? Nuestros caminos se cruzaron a la entrada del cinema Zita, ubicado en la céntrica calle Birger Jarlsgatan 37, Estocolmo. En aquella sala cinematográfica tendría lugar un Festival de Cine Cubano, en cuyo curso se proyectarían, entre otros filmes, "Comandante", del productor americano Oliver Stone. A dicho certamen se había invitado a la Asociación Sueco-Cubana, estructura que como conoce encarna los intereses del régimen que avasalla a nuestro pueblo.

Nosotros, Exiliados Cubanos de Suecia y legítimos —a más de provisorios— Embajadores de la Nación Cubana en esta tierra, solicitamos espacio a los organizadores del evento. Permiso de por medio, en la antecámara del salón, obsequiamos a los cinéfilos interesados una mesa informativa sobre las vicisitudes de nuestros conciudadanos de intramuros en general, y de su vanguardia social —la cresta del movimiento cívico-democrático— en particular. Por primera vez en la historia política de este exilio, conseguíamos fragmentar una misma tribuna con la mencionada Asociación Sueco-Cubana. Nuestra labor mancomunada devino en incontrovertible laurel, no solamente para esta pequeña si bien vigorosa rama de la copiosa diáspora cubana —y por excelencia para la cuna de nuestros orígenes—, sino que, como verá más adelante, también para Ud. y restantes miembros de la misión diplomática.

Compatriota Jorge D. Payret Zubiaur: En cuanto supimos de su (in)esperada presencia a las puertas del cinematógrafo, no vacilamos en acercarnos y extenderle nuestra diestra. Acompañado probablemente de funcionarios de la misión —además de la Sra. Eva Björklund, ex presidenta de la citada Asociación Sueco-Cubana— estrechó (aunque vacilante) nuestra mano extendida. Entre nosotros se dio un diálogo, sucinto aunque cargado, en cuyos detalles no es menester aquí remedar. Sí vale rememorar (a riesgo de pecar de presuntuoso) —pues es imprescindible para que se deduzcan razones dereacciones ulteriores— que al indagar por el nombre de su interlocutor y (re)conociéndolo como tal, respondió con una prolongada y suspendida interjección.

Mientras conversábamos, la Sra. Björklund abortaba una sonrisa —entre amarga, esquiva y desesperada— dado el cuadro que presenciaba; un proscrito que tantas veces ha debatido con la cúpula de su entidad en los medios de comunicación masiva de Suecia, "se encaraba" a la máxima autoridad del régimen que ella se juzga invocada a defender capa y espada. Por razones que me apresto entender, rechazó tomarse una foto con este, su coterráneo. Por otras que comprendo a cabalidad pero lamento, se retiró —codeado de los posibles agentes diplomáticos— de la cercanía del referido Festival de Cine Cubano…

Compatriota Jorge D. Payret Zubiaur: No nos separamos sin embargo por largo tiempo; nuestras veredas se volvieron a entretejer cosa de un mes más tarde, a precisar, el 8 de octubre. Esa fecha, la Asociación Sueco-Cubana homenajearía al legendario "Guerrillero Heroico" Ernesto "Che" Guevara, ente causante de múltiples trastornos políticos, ideológicos y de otras índoles a nuestro terruño común, al tiempo que mayúscula expresión de la entelequia revolucionarista, tanto latinoamericana como mundial. El agasajo acaecería en los pisos de la ABF, Asociación de Estudios Obreros, cito en la avenida capitalina Sveavägen 41.

Difícilmente, unos 50 inmigrantes —la mayoría de procedencia latina, mas ni un solo coterráneo— asistieron a la jornada de veneración a la violencia. Protestó sí un grupo de activistas pro democracia, con raíces tanto en la isla caribeña como en el istmo escandinavo, recibiendo dicha tropa deshumanizante injuria y esporádicos maltratos físicos de los intolerantes discípulos de Guevara. Nuevamente asomaba Ud., (in)esperadamente, en un programa público, flanqueado ora de miembros de la delegación ora de adeptos sudamericanos. En aquella ocasión, mientras Ud. se escabullía a los locales del evento tras la estría de los bandos manifestantes, aparte de demandar la liberación de nuestro pueblo todo, clamé en particular por su libertad, es decir, la del Emisario en el Reino de Suecia del actual Jefe de Estado de Cuba. ¿Evoca Ud. ese clamor?

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Compatriota Jorge D. Payret Zubiaur: ¿Por qué cree que un crepúsculo otoñal le extendimos afablemente nuestra diestra? ¿Por qué cree que otro atardecer parecido, semanas después, clamamos enérgicamente por su manumisión? ¿Por qué cree que estaríamos dispuestos, dada la coyuntura, a hacerlo de nuevo? No creo piense se trate de vanidad personal del aquí firmante; nada más ajeno de la realidad. Se afirman dichos gestos cívicos, al contrario, en el profundo y sincero convencimiento de que Ud. (al igual que los otros coadjutores de la legación diplomática), por más que a los ojos de su entorno lindante y de los del mundo se erijan como sustentáculo del opresor régimen de Fidel Castro, resultan al mismo tiempo unas de sus más sufridas y vejadas víctimas.

De ahí el móvil de esta franca y descubierta epístola; velar y lidiar por el respeto a vuestra dignidad humana.

Sospechamos que ustedes, miembros de la misión diplomática, con la capacidad de análisis a esperar en hombres y mujeres de sus cargos (no es este lugar apropiado para escribir de rangos), hayan escudriñado en su doliente condición y lacerante estado de vejados. Sospechamos que hayan hurgado en su sentido íntimo de la justicia —tanto para con su dolido pueblo como para con su propia persona— y descubierto y repudiado su suerte de ultrajados. De no haberlo hecho —¡qué lo dudamos!— confiamos lo harán, …más temprano que tarde. E incluso más, creemos que, como instrumento auxiliar a ese ineluctable escrutinio, estudiarán minuciosamente, entre otras enseñanzas hoy conculcadas a coterráneos del interior, el sabio ensayo "El poder de los sin poder", del un día disidente y al otro Presidente de la República Checa, Václav Havel.

Específicamente, no dudamos asimilarán el mensaje cardinal de las páginas 37 y 38 de dicho tratado (a modo de referencia, tenemos al alcance la impresión de Ediciones Encuentro, 1990). Allí encontrarán revelado, con razonamientos contundentes, porque ustedes, más que gracias a, a pesar de sus relativamente elevadas y dispensadas posiciones en la jerarquía del poder absolutista, son menos libre —o lo que es lo mismo dicho de otra manera, más esclavos— de los gravámenes del totalitarismo castrista, en comparación con otros conciudadanos contrayentes de compromisos y responsabilidades más modestos. En definitiva, lo que nos permite poner al desnudo su fatalidad existencial como enraizadas víctimas del sistema autocrático insular.

Hallarán allí, además, que el conflicto fundacional entre las intenciones naturales de la vida (las que en lo más recóndito de vuestras almas se desean y le desean a todos) —la de consumar su libertad promoviendo y salvaguardando, entre otros aspectos, el pluralismo ideológico, la variedad organizacional, la diversidad espiritual, así como la independencia ciudadana— y las intenciones contranaturales del sistema totalitario (que en lo más profundo de vuestro fuero de la conciencia detestan y condenan), —la de convertirse en su propio fin, fomentando e imponiendo, por ejemplo, la monotonía del pensamiento, la uniformidad en los patrones de conducta de los súbditos, al igual que la homogeneidad institucional— "se encuentra de hecho en cada hombre, pues cada uno a su modo es víctima y soporte".

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Respetados compatriota Jorge D. Payret Zubiaur y colaboradores: También ustedes descubrirán —si no lo han hecho ya en silencio— que son simultáneamente soporte y víctima del ordenamiento obsoleto y absolutista que hoy mancilla el suelo patrio. Vuestra calidad de víctima del anómalo régimen que le fuerzan personificar, se descobija, entre otros aspectos, a través de vuestras diferentes y gravitadas funciones diplomático-consulares.

Estamos convencidos, por ejemplo, que en sus contactos con las autoridades del país receptor, en este caso Suecia, vuestra voluntad de patriotas cubanos se ve absolutamente violentada. Pues en lugar de hacer valer lo que en diplomacia se conoce como el interés nacional, desde el país acreditante le precisan enarbolar la bandera caudillista castrista. En lugar de representar los más genuinos intereses y aspiraciones de su pueblo; pluralismo, democracia, libertad, derechos humanos, soberanía nacional, prosperidad económica, etc. son forzado a trastocarlos por privilegios y pretensiones de una camarilla en esencia castrense; monolitismo, dictadura, servidumbre, dependencia autocrática, muerte civil, miseria institucionalizada, etc... En lugar de insertarse a y sacar para su pueblo provecho de la heterogénea vida política, social, económica, científica y cultural de Suecia, son ustedes penados a matrimonio ficticio y perpetuo con la citada Asociación Sueco-Cubana, una desmoralizada, marginal y marginada secta pro comunista, cuyo descrédito institucional la ha convertido en el esperpento de la sociedad sueca.

A ustedes se les parte el alma encima al tener que enmarañar con ilusorios "gestos de solidaridad" en sus informes periódicos a la nomenclatura del Ministerio de Relaciones Exteriores; las críticas, denuncias, reprobaciones, repudios, etc. que de manera asidua representantes de las sociedades política y civil del país anfitrión le hacen llegar, dada la carencia de respeto a derechos humanos y libertades fundamentales en Cuba. Como el totalitarismo les trata en calidad de hombres y mujeres faltos de voluntad, no pueden en vuestras obligadas reseñas de lo que los órganos de comunicación masiva de Suecia emiten sobre el estado de cosas en el fuerte castrista, dejar entrever la azarosa idea del principio del fin del propio sistema. Como, expresado en lenguaje haveliano, son tratados como meras "marionetas con el uniforme del ritual y de la rutina del poder", son una vez más ultrajados al intimárseles a apocar en vuestros (re)cuentos oficinescos la creciente solidaridad internacional en general, y la sueca en particular, hacia el movimiento cívico-democrático cubano, tanto de fuera como de dentro de la isla. Nunca les ha dolido tanto el corazón —¡bien lo saben!— que cuando vuestro péndalo de escribano oficialista ha abordado el quehacer patriótico de sus hermanos del exilio sueco (sí, porque a la larga también son parte de este exilio, aunque bien atrincherada) y se han visto compelidos a embrollar dicha labor con rusticidades tales como "acciones anticubanas", "mercenarios del imperialismo", y otra fraseología anticuada y más bien patrimonio de los tiempos de la Guerra Fría.

Por último, también en sus obligaciones para con los nacionales residentes en este país —a contar entre ellos, refugiados y exiliados— vuestra voluntad es obviamente vejada y humillada. No dudamos que ocasionalmente se sientan lacayos de un régimen que a través de un ignominioso procedimiento de visado, al igual que de abominables permisos y restricciones de entrada y salida de la isla, así como de elevadísimas tarifas consulares —a considerar mera extorsión de sentimientos—, amedrenten a muchos de sus conciudadanos a silenciar su crítica por tal de mendigar un derecho que debía serles inalienable e incondicional; el de acceder a y abandonar libremente su tierra natal. Dudamos se sientan a gusto con las prebendas que con la práctica de Vigencia de Viajes (según la cual sujetos electos pueden viajar a y de Cuba cuanto lo consideren conveniente durante dos años, siendo este gaje prorrogable hasta seis) premian a todo aquel que "mantenga una postura de respeto hacia Cuba", o sea, que calle el dolor de su pueblo y hasta en ocasiones sobe el lomo del dictador, convirtiéndose así en cómplice de sus horrendos crímenes. Ustedes desprecian esa praxis, pues deducen que su blanco principal es, indudablemente, la vanguardia cívica del Exilio Cubano de Suecia, justamente aquella que so pena de sacrificar el amor, el apego, el cariño de sus seres más queridos, vela por rescatar la dignidad de la nación cubana en su totalidad. También creemos se avergüencen enormemente ante el vecindario, el país anfitrión y el resto del mundo, cuando sus compatriotas —las más de las veces codo a codo con solidarios demócratas locales— claman a las puertas del recinto de la Embajada por la libertad y la democracia que tanto o más que otros cubanos anhelan para sí y los suyos. Sienten ustedes encima un gran bochorno al verse obligados a aliarse y amalgamarse con violentos y fanáticos grupúsculos de extranjeros, por lo general gregarios del absolutismo castrista de descendencia latinoamericana; al tiempo que se perciben relegados de sus compatriotas varados en este país, muchos de los cuales —aunque igualmente esclavos silenciados y silenciosos de los momios y chantajes del régimen en ultramar— a vuestras espaldas y a puertas cerradas les detractan (no como compatriotas más bien en vuestra condición de heraldos de la ordenanza castrista) en lo más hondo de sus corazones.

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Respetados compatriotas: Sobran razonamientos convincentes para entender que al tiempo (¿o acaso más?) que puntal, resultan víctimas del ordenamiento totalitario castrista. Así será mientras continúen viviendo en disonancia con la realidad circundante y los imperativos naturales de la vida. Justamente por percibirles como damnificados, nos permitimos al inicio de esta esquela el atrevido derecho de extenderle los triunfos que el Exilio Cubano de Suecia en particular se corone, pues entendemos que en la medida en que (medianamente) contribuyamos a liberar a nuestra Patria, en igual proporción contribuimos a (re)hacerles hombres y mujeres más libres y más dignos.

Ustedes serán, en última instancia, quiénes decidirán romper el vicioso círculo de la dependencia y el vasallaje. También en su poder queda el juicio de si, dado el ineludible (tras)paso a "la vida en la verdad", engrosar las filas de nuestro gallardo exilio —que no dudamos mantiene las compuertas del diálogo y la reconciliación abiertas de par en par—; o de si en las propias filas del castrismo —dados vuestros sólidos conocimientos de la psiquis y los mecanismos diplomáticos— bregar por la felicidad de nuestra Patria común. En cualquier caso, la carta de redención final descansa en vuestras manos.

Quiero finalmente desearles un Próspero Año Nuevo, y sobre todo que dicha prosperidad sea la prolongación del bienestar de nuestro pueblo tanto de dentro como de fuera de la Cuba.

Respetuosamente,

Alexis Gainza Solenzal,

Exiliado Cubano de Suecia.

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